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Por Evelyn Ortiz
Ni siquiera el hombre más protegido de Colombia,
el presidente Alvaro Uribe, se libró de que un par de ladrones
retirara de su cuenta bancaria el equivalente a 4 mil 225 dólares
americanos.
Una funcionaria del palacio de Nariño dijo que Uribe, custodiado
por más de un centenar de escoltas y un sistema de seguridad
satelital instalado por Estados Unidos, fue víctima del robo
a través de cajeros automáticos tras perder, un par
de días antes, sus documentos durante un encuentro con empresarios.
Al día siguiente de la reunión en Bucaramanga, capital
de Santander, la secretaria de Uribe recibió una llamada
del banco informando sobre una serie de inusuales retiros de la
cuenta personal del Primer Mandatario.
Cuando la funcionaria avisó al presidente fue que este se
percató de que había perdido su billetera en la que
portaba su documento de identidad, al menos una tarjeta para realizar
operaciones bancarias con su respectiva clave para ejecutar retiros
y un salvoconducto para porte de armas.
Posteriormente la policía realizó un operativo en
busca de los delincuentes y detectaron que habían realizado
operaciones en más de 32 cajeros automáticos solo
2 días por 12 millones de pesos colombianos, el equivalente
a unos 36 salarios mínimos mensuales.
Aún no se ha determinado si la billetera fue hurtada o si
fue extraviada en el momento en que Uribe se quitó el saco
y se lo entregó a uno de sus escoltas para tomarse fotos
con unos niños que estaban en el evento.
Con base en vídeos de seguridad de los cajeros, la policía
rastreó y capturó a los ladrones y pudieron recuperar
el botín. Sin embargo, el mandatario, caracterizado por su
discurso de línea dura contra los grupos de guerrilleros
izquierdistas y de paramilitares de ultraderecha que participan
en una guerra interna de casi cuatro décadas, pidió
a las autoridades dejar en libertad a los malhechores.
“Es gente pobre, hay que darles una nueva oportunidad”,
dijo, haciendo inevitable recordar su slogan de campaña presidencial:
“Mano firme, corazón grande”.
Los principales responsables de los disturbios sociales que ocasionaron
34 muertos y 205 heridos en febrero pasado en Bolivia son los policías
que se insubordinaron contra el gobierno. Así lo afirmó
el secretario general de la Organización de Estados Americanos,
OEA, César Gaviria, al entregar un informe de la investigación
que realizó al respecto el organismo multinacional.
El documento asegura que se trató de “una insubordinación
de miembros de la policía” y no de una insurrección
popular. “Este informe considera que lo ocurrido... es una
insubordinación de miembros de la policía contra la
constitución y las leyes bolivianas. Una insubordinación
que quebrantó las instituciones políticas, de acuerdo
con el ordenamiento jurídico boliviano y según la
carta democrática interamericana”, señala el
documento.
El texto señala que la amplia mayoría de la población
boliviana siguió “atónita” los acontecimientos,
y que no apoyó “salidas inconstitucionales”.
“Si este país quiere conservar su democracia no puede
ser complaciente con estos hechos”, dijo Gaviria, quien llegó
a La Paz para entregar los resultados de una investibación
que efectuaron en Bolivia expertos de Brasil, Colombia y Estados
Unidos
continua>>>
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