EL MUNDO ANTE UNA ENCRUCIJADA CON CUBA

Por Luis de la Paz

La razón esencial por la que se desea que las naciones vivan bajo un régimen democrático, es porque resulta el único sistema con el que se puede evitar que se comentan muchas arbitrariedades y abusos, como los que acaban de acontecer en Cuba con la disidencia, precisamente por no haber en la isla caribeña una democracia. Sin duda alguna un país donde haya un parlamento multipartidista, una presidencia con relevos periódicos y una prensa atenta, para llamar al control cuando los gobiernos pierden el rumbo, y se exceden en sus atribuciones, el ciudadano se siente más seguro y libre.

Todo lo contrario ocurre en los países (por suerte cada día van siendo menos), donde aún prevalece un tirano absolutista al mando de un estado. Un dictador que impone su voluntad sin que se alcen voces que reclamen respeto al hombre. Las recientes condenas en Cuba a setenta y cinco opositores, disidentes pacíficos, periodistas independientes, bibliotecarios y escritores, es una prueba evidente de la impunidad con la que obran estos autócratas como Fidel Castro, que establecen un sistema político social basado en el terror, la fuerza, la intimidación, la delación y el oportunismo.

Según ha trascendido los condenados han sido recluido con presos comunes. Según el propio gobierno cubano, estas personas fueron condenadas por “actividades anticubanas”, por reunirse con el representante de la oficina de intereses de Estados Unidos en La Habana, y por otros delitos de “asociación” y “difusión de noticias”. Incluso funcionarios cubanos han dicho que: “por razones políticas se han visto obligados a tomar estas medidas extremas”, refiriéndose a las largas condenas y al fusilamiento de tres jóvenes. Entonces si son razones “políticas”, ¿cómo es posible que los prisioneros estén cumpliendo sus condenas en galeras para presos comunes? Todos estos encarcelados son presos políticos y debe tratárseles como tal de acuerdo a los convenios internacionales.

Como nunca, la comunidad internacional ha levantado su voz para repudiar la cadena de injusticias y vejámenes contra los cubanos que sólo aspiraban a decir su opinión. Numerosas han sido las cartas de condena. Duros los comentarios de las cancillerías y parlamentos de Europa y América Latina. Fuertes las posturas de intelectuales y artistas. Las reacciones han estremecido al gobierno cubano, pero, por desgracia, difícilmente resulten en la liberación de los disidentes. Ahora, es necesario que las voces se vuelvan a alzar con un tono más fuerte, reclamando y exigiendo, la condición de presos de conciencia para estos hombres y mujeres encarcelados únicamente por pensar diferente al dictador Fidel Castro. Para que se les trate como lo que son: prisioneros políticos de una dictadura.

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