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POSTDATA PARA CRITICOS FATUOS

Reflexión en torno a una marcha calumniada y los críticos fatuos

Antonio Ramos Zúñiga
Periodista independiente cubano

Primero fue Andrés Reinaldo, luego Soren Trift, le siguió Diez-Argüelles, en afilados artículos para El Nuevo Herald, pero existen muchos conciudadanos (no tantos) propensos al paluchero criticismo contra quien llaman de mala gana “el locutor Pérez Roura”. A pesar del tiempo transcurrido desde esta última y tan controvertida marcha es necesario que nos tengamos un momento de reflexión en torno a ella. O mejor dicho, gracias al tiempo transcurrido es ahora cuando podemos tal vez pensar mas calmadamente sobre el asunto.
Es natural que, de un tiempo a esta parte, el tema de marchar o no marchar cause en Miami un debate a “calzón quitaó”, máxime cuando la época de la razón cínica, la mascarada y los gallos tapados llega a su fin. Lo que hay que preguntarse es el por qué de la degollina crítica y hacia dónde vamos.
Esta crítica tiene ingredientes nuevos: abandera a los que apuestan por el Plan Varela, quienes consideran a Pérez Roura un anacronismo intolerante, mejor dicho, una espina atravesada. Y hay un molde semántico que afina y parcializa la denigración política, por ejemplo, a Pérez Roura se le acusa de explotar intereses cubano-republicanos. La Fundación Nacional Cubano-Americana, declaró por su parte, para mal de males, su negativa a marchar..
Puede que haya algo de cierto en las posturas pero el juego político pasa por alto lo estrictamente ideológico (no todos los que marchan lo hacen por Pérez Roura, sino que es una necesidad de expresión emocional y principista) y lo conceptual (el anticastrismo neto, no mediático). El juego político además ha tomado vericuetos intelectivos que semeja la contra propaganda de la izquierda militante. Estamos pues ante un tablero de ajedrez político que solo muestra los primeros y definitorios enrroques.
Veamos lo que acontece. Lo de llamar “locutor” a un dirigente político para inferiorizarlo parece puro complejo infantil. ¿Acaso los cubanos seguiremos prefiriendo a los “generales y doctores”? ¿O son más políticamente correctos los Saladrigas y Aruca? Ahora resulta que desaletargar la ortodoxia armada anticastrista, sea ésta viable o no, o al menos la esperanza de una intransigencia de barricada, es mera “obsesión indecente”. Merecedora de la peor displicencia pública.

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